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martes, 24 de enero de 2012

Las aventuras de una poeta sin niñez en el mundo de la literatura infantil


Amigos míos, en este último tiempo estoy estudiando un interesante diplomado sobre Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) para profesionalizar y ordenar un poco el asunto del fomento lector. Estoy tan entretenida que me dan ganas de contarles todo lo que he conocido, pero no lo voy a hacer, no se preocupen. Iré criteriosamente seleccionando los temas de los que voy a hablar.

Para partir, como no, quiero empezar con la poesía infantil y juvenil y lo mucho que me ha costado relacionarme pacíficamente con ella. Con lo poco que sé de ella, porque es el pariente pobre (para variar) de la LIJ. Pero por pariente pobre no entiendan pariente malo.

Así y todo, la colección de poesía infantil de donde trabajo guarda sus sorpresas estimulantes, como el libro "Las aventuras de Max y su ojo submarino" de Luigi Amara, ilustrado por Jonathan Farr. Este libro contiene poemas rimados e ilustraciones en blanco y negro acerca de las desventuras de Max, un niño con ojo de vidrio bastante apegado a las cosas macabras y oscuras. Aunque no sé bien si decir que Max es "apegado" o "forzado" a las cosas macabras. Bien, este libro publicado por FCE el 2007 obtuvo Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños y hasta el momento me había animado mucho a disfrutarlo sencillamente, hasta que busqué más información y encontré este artículo de Jorge Elías Priani del Periódico de Poesía y aterricé.

El artículo crítico de Priani nos ubica en el tiempo espacio al que está suscrito el libro y nos recuerda principalmente dos cosas: que de hispanoamericano no tiene nada y que tampoco es tan bueno. De todas maneras lo sigo recomendando para leerlo, disfrutarlo, contárselo a los niños y jugar un rato. Pero si de diseccionarlo se trata, adolece de pulcritud métrica, de una ilustración memorable y hace referencia a una tradición de poesía infantil ilustrada tremendamente atractiva y bien hecha, como la de Edward Gorey, que no logra equiparar.

Cuando uno no sabe mucho encuentra todo lindo, ¿cierto? Pero con las herramientas necesarias para comprender la cosa se pone más exigente y caprichosa. Me gusta mucho ser exigente y caprichosa.
Lo principal de este artículo es que también existe un universo apasionante de poesía infantil que cuando uno era chico no sabía que existía y que nos podría haber hecho muy feliz, o, en su defecto, podría haber reafirmado de manera estéticamente bella nuestra completa infelicidad. Les dejo este link donde están todas las imágenes del libro "Los pequeños macabros" de Edward Gorey, aunque no se compara con leer el librito.

Desde http://ursulastarke.blogspot.com

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